cine

Mr. Hyde (o sobre “Freaks” 1932)

El hombre es un chiste para el hombre, y más cuando nos acostumbramos a lo que vemos en el espejo.

Por eso la normalidad es algo que creemos implícito en nosotros. “Soy una persona normal”. Nos repetimos con frecuencia, los monstruoso es lo que se aparta a nuestra mentalidad. Entonces acudimos al espectáculo circense y feriado de los fenómenos, seres humanos con cualidades físicas completamente diferentes a las acostumbradas, que despiertan una morbosidad por lo distinto. Exactamente al cine, como anotaba Herzog, en sus comienzos el cine era sólo un acto de feria que la gente veía como algo más cercano a la magia que al arte.

Se entiende porque “Freaks” fue a su estreno una película tan controversial y censurada, sus maravillosas imágenes y personajes causaron repulsión en los críticos y el público, idéntica reacción que se ve dentro de la película cuando los protagonistas realizan sus actos. Sin embargo es una reacción predecible y más para una cinta de su tiempo. Que esta obra sea alabada solamente por su muestra de rebeldía es injusto ya que en ella hay razones más divertidas que su desobediencia a lo “normalmente” permitido. Tod Browning que también dirigió Dracula conocía muy bien el poder de las imágenes, no solo para causar impacto sino para revelar verdades. Así que a través de una serie de personajes completamente diversos y ninguno físicamente (ni personalmente) cercano al otro representó una historia de engaño y ambición. Los personajes sin diferencias utilizan a los otros como objetos para sus planes. Muchos ven aquí la insinuación de la película, que los verdaderos monstruos son las personas “corrientes” llenas de maldad y sevicia.

En cambio lo que encontré maravilloso y contundente fue el tramo final, el hecho de la venganza de los circenses contra sus colegas, filmado de forma que de verdad infunden miedo, no por su aspecto sino por el acto que piensan cometer. Browning durante toda la película muestra a estos personajes ante la cámara con dignidad, los enanos son grabados desde su altura como cualquier otra persona, otros se ven haciendo su vida, teniendo hijos, encendiendo un cigarrillo sin inconveniente. Así que en la venganza final la monstruosidad que antes solo proferían los personajes comunes, aparece también en ellos. Causando daño, temor y atrocidad.

No hay por qué creer que estos hombres al ser diferentes y tener que vivir un camino menos común y seguramente más arduo están revestidos de alguna virtud especial, son seres humanos, capaces de aberrantes, grotescos y monstruosos actos. Freaks es poderosa porque es un espejo en el que sus imágenes no son otra cosa que la constatación de nuestra monstruosidad, nuestro otro retrato y sabemos que si alguien más lo pudiera ver nos mandaría a una jaula para reír.

( También puede leer esta entrada en: https://medium.com/p/f82f8e24b0fc )

Apostilla: Hace mucho no soñaba contigo, a decir verdad me lo busqué. Volví a pensarte mientras intentaba dormirme y como si fuera un llamado apareciste. Algo raro está sucediendo ahora contigo en mis sueños. Ya no hay idolatría, máximo un vago deseo. Está pasando eso que tanto te repetí que no sucedería. Te lo repetía para que lo tuvieras presente porque yo sabía que jamás sucedería. Está pasando. 

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cine, Herzog, Kinsky

El Reto (o sobre Fitzcarraldo)

No hay misión, ni destino, ni lugar donde nos esperen. Los seres humanos estamos sueltos en este mundo como las llamas de un incendio.

21 de Septiembre de 2013. Cuarta vez que vuelvo a ver la ya legendaria obra del Herzog, sigo sin encontrar la menor pista de su relato. Cumplo años.

Lo único que logro recordar sin parar es ese diario de guerra que llevó Werner y que tituló “La conquista de lo inútil”. Pocas y maravillosas páginas que tienen en sí mismas más cine que muchas películas.

La forma en que Herzog veía a latinoamérica, a sus selvas y personas es tan intrigante como estupenda. Desde Aguirre hasta Cobra Verde, Werner nos guarda momentos inolvidables de temor y respeto por el nuevo mundo. Un artista de la edad media (como él se autodenomina) perdido en la selva de otro continente.

Así mismo son los protagonistas de sus películas: perdidos, pero quizá el que más memorias deja es el de Fitzcarraldo, el hecho de estar perdido en sus propios “sueños”, en sus profundos deseos lo hace un ser por encima del resto. Uno egoísta y despreciable pero al mismo tiempo ejemplar. Un hombre que sin importar lo que le cueste planea derrotar los impedimentos con el único propósito de derrotarlos.

Porque la película no se trata de llevar la ópera a la selva, ni del caucho, ni de pasar un barco por una montaña, se trata de no vencer, de imponerse un reto y no ganarle. Pocas metáforas sobre hacer cine se pueden comparar a esta aventura de Kinsky y Werner. Nadie es tu amigo, o son tus esclavos o son tus enemigos, solo de esa forma se puede hacer perdurar una idea. Para que al final solo sea eso, una idea que otro pueda ver sentado en un teatro.

De improvisto nuestros retos se convierten en obras, nuestra verdadera obra es nuestra aspiración. Si los desafíos que se nos presentan llegan a ser más grandes que nosotros mismos es porque estamos provocando correctamente. Es ahí cuando no hay recompensa, cuando entendemos que lo único que podemos hacer es combatirlos a toda costa, así nuestro protagonista grite y patalee y caigan flechas del cielo, así sea inútil y el único objetivo por lo que se hace sea por mantener la batalla, al final podremos decir como dijo Herzog: hemos participado.

“Hoy, miércoles 4 de noviembre de 1981, poco después de las doce del mediodía, hemos conseguido pasar el barco desde el río Camisea por encima de una montaña hasta el Río Urubamba. Sólo queda por informar esto: yo he participado.”

W. H.

Apostilla:

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