Albur

La Despedida 12

Llegué al final del libro sin conocer al dueño, y como este ejercicio de piratería acaba con esta entrada, es momento de finalizarlo con una confesión.

Cuando terminaba de leer Haru no Yuki me había interesado por primera vez en cierta figura que anteriormente no podía soportar. Hunter S. Thompson. De seguro por la imagen cinematográfica que Deep y Murray hicieron de él y que luego todos imitaron en sus disfraces de halloween.
Un caballero gringo de esos de la segunda mitad del siglo XX. Lleno de alcohol, prejuicios y viajes que solo fueron trascendentales para él. Leerse toda su obra no resultó difícil, la mayoría está en revistas.
Fue el mensaje que dejó antes de morir lo que me empujó a leerlo. Veía en esas frases exageradamente contundentes una salpicadura del fuego que quería leer.

Creo, tal vez, que por un momento, me gustó.
Luego escuchando algunas de sus entrevistas decía que antes de empezar a escribir había transcrito, palabra a palabra, varias obras de sus autores favoritos. Según él para sentir lo que ellos habían sentido cuando pusieron esas frases juntas. Como si eso sirviera de algo.

La sombra de esa idea tan ingenua me mantuvo pensando en esa sensación, en lo que podría sentir un autor al escribir sus palabras. Seguro que los autores que sienten algo cuando escriben son los más malos. Cuando el libro me cayó enfrente decidí hacer lo mismo con alguien que significaba tan poco para mí como Kundera. Lo confieso, de eso se trató, nunca esperé ni esperaré que aparezca el dueño del libro.
También tengo que decir que no sentí nada cuando transcribía las frases de otro, que otro había subrayado. Pero al final todo el ejercicio se sintió bien. Bien como cuando uno tiene tareas y no hay nada más que hacer pero igual decide no hacerlas y quedarse escuchando su propia respiración mientras saborea las cosquillas de la culpa debajo de la piel. Así de bien.

Aquí la última frase subrayada del libro que alguien dejó caer por una ventana hace unos meses y yo leí.

Incluso vivir en medio del dolor tiene su misterioso valor. Hasta la vida en el umbral de la muerte es maravillosa.

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