Albur

La Despedida 6

—¿Cómo es eso? —preguntó el trompetista.

—Fue un santo muy curioso. No lo torturaron los paganos por no creer en Cristo, sino los malos cristianos porque le gustaba demasiado pintar. Probablemente sabrá que durante los siglos octavo y noveno se impuso en el sector griego de la Iglesia un firme ascetismo que no toleraba ningún tipo de goce terrenal. Incluso los cuadros y las estatuas eran considerados manifestaciones de un sibaritismo vicioso. El emperador Teófilo mandó destruir miles de hermosos cuadros, y a mi Lázaro le prohibió pintar. Pero Lázaro sabía que con sus cuadros glorificaba a Dios y no se sometió. Teófilo lo encarceló, lo torturó; pretendía que Lázaro abjurase el pincel, pero Dios se compadeció de él y le dio fuerzas para soportar los crueles sufrimientos.

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