Albur

La Despedida 2.

No ha aparecido el dueño del libro. (Como era de esperarse)
Llegué a la segunda cita.

 

Porque los momentos en los que él se veía reflejado en el rostro doliente de ella eran los únicos en los que ella podía estar más o menos segura de que no había otra mujer que compitiera con ella en la cabeza de él.

 

 
Porque esa hermosísima señora temía a las mujeres y las veía por todas partes.

 

 

 

 

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