cine

El Acto (o sobre El Rito 1969)

Un hombre que dijo que su mujer era el teatro y su amante el cine, quien en sus obras hace una constante demostración de ello. Ernst Ingmar Bergman.


En mi memoria se hace imposible encontrar algún otro cineasta que haya capturado tan fielmente el concepto de oscuridad. Física y humana.
En “Fanny y Alexander” Bergman se autorretrata como un pequeño niño jugando con un teatro de figurines, en “El Rito” hace lo mismo, solo que en vez de juguetes, esta vez son actores. Cuatro en toda la película. Algunos de ellos ni siquiera alcanzamos a ver completamente ya que muchas partes de la obra son planos medios y otros primeros planos que son constantes, repentinos y potentes.

Algo que sí está más presente en mi memoria son ciertas clases de mi infancia en que numerosos profesores con absurda frustración intentaban enseñarme a mí y a otros monigotes lo que era hacer teatro. Éramos unos seres tan malogrados que no había forma que llegáramos a nada siquiera aceptable. No fue nunca culpa de los maestros, ellos intentaron todo, el ejercicio, la danza, la parodia, la comedia, la teoría, todos fallos estrepitosos.
Hasta que un buen día intentaron con nosotros la estrategia del teatro del absurdo.
Ahora (siempre) hablo solo por mí, funcionó.
Leer a Ionesco fue transformador, seguirlo e imitarlo fue doloroso y emocionante. Sin ser un experto en el tema entendí como el actuar es una de las actividades humanas más arduas y laberínticas en las que se puede caer por voluntad ¿vocación?. 

Mishima, close up.

Mishima, close up.

En esa inducción vino uno de los problemas fundamentales, la expresión corporal y la simulación del sentimiento. Al principio con el burdo conocimiento que tenía, pensaba en la expresión corporal como actos del cuello hacía abajo (Jean-Gaspard Deburau ratificaría lo contrario). Luego comprendí que el rostro también hace parte de la corporeidad. El gesto, la mueca, la emoción, casi todas tienen en el rostro su herramienta más afilada. “El Rito” que empieza con un primer plano y termina con otro del mismo actor aunque completamente diferentes, se sospecha la habilidad de Bergman para contar en una película de mucha sencillez y nada de simpleza el complejo acto de actuar. 

Me, close up.  (Selfie)

Me, close up.
(Selfie)

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