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cine

Vecinos (o sobre Tony Manero)

Tengo un vecino músico. Se construyó una caseta alejada de su casa para practicar. Queda justo al lado de mi ventana. Cada día de por medio puedo escucharlo practicar desde las cinco de la tarde hasta las once de la noche. Su labor es seguir con la percusión canciones que le gustan. Admito que muchas noches no está nada mal y escuchar a Héctor Lavoe, Ibrahim Ferrer o Compay Segundo es un privilegio. Otras es más bien desesperante. Gracias a mi vecino conocí a Thelonius Monk, John Coltrane y a Ravi Shankar mucho antes de que me gustaran. Gracias a él también entendí que The Beatles, Eric Clapton o Prince no tenían nada que ver conmigo.
Mi vecino es un hombre apasionado, no tiene un trabajo estable, su hijo tiene deficiencias cognitivas y su esposa le riñe. Sin embargo no falla un solo ensayo en su caseta, para mi pesar.
Todos tenemos un escondite, un lugar donde sin importar las circunstancias nos sentimos seguros. Para algunos ese lugar son otras personas, para otros las cosas, para mi vecino es la música; cada cual tiene la ilusión de que algo lo libera de la realidad. El problema con mi vecino es que su escondite está muy cerca del mío.

Tony Manero es una película sobre un hombre escondido en una de la ilusiones que más han atrapado personas, el cine. Así como todos tienen su escondite cada uno tiene sus razones para esconderse. Es obvia la crítica que se hace en la película de Larraín a la situación política de Chile en los años 80 desde todos los puntos de vista. Se puede ver el personaje de Raúl Peralta como una metáfora de toda la sociedad chilena de aquella época, mezquina, egoísta, escondida y asesina, como también se puede ver literalmente en el transcurso de la historia como el gobierno es el encargado de perseguir a los detractores e instaurar terror. El esfuerzo de esta película por retratar a este personaje es esencial. La cámara casi nunca lo suelta. La imagen es una extensión del protagonista, un parásito. Moviéndose con él.

El cine nos permite ser invisibles y adentrarnos en el escondite de Peralta, ver quien es ese hombre que vive escondido o que hizo de su vida su propio refugio. Seguramente cuando la realidad nos pide que huyamos de ella es el punto en que más se debe enfrentar, y eso exactamente es lo que no nos cuenta Tony Manero. Pocas dudas nos quedan de que el protagonista es un inmenso cobarde, aunque también podríamos recordar a Jean-Paul Charles Aymard cuando dijo “Los cobardes son los que se esconden bajo las normas”

Yo por ahora cerraré la ventana que mi vecino está a punto de empezar.

Good fences make good neighbors


Originalmente  en: Medium

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