cine

Los colores de la tristeza (o sobre Punch-Drunk, Love)

Hay un señor de Youtube que se llama Darren Foley. A Darren también le gustan las películas, le gustan tanto que ha hecho muchos videos haciendo análisis de ellas. Darren tiene un ojo increíblemente astuto y presto a los detalles, así como una voz desesperante y calmada con cierto delirio conspirativo.

La mayoría de sus presentaciones me parecen ejercicios válidos de opinión personal sobre diferentes obras, pero cuando llegué al análisis de Punch-Drunk Love de Paul Thomas Anderson me sorprendí.

Me he encontrado externamente varias veces con Punch-Drunk Love, la primera fue cuando la tuve que ver para un curso online en el que en su última fase hablaban del color en el cine y tomaban como ejemplo esta cinta. Seguido de varias críticas y reseñas, no he leído ninguna en la que no toquen el tema cromático.

Lo sorprendente del análisis de Darren es que comienza hablando de otra película, una de mis favoritas, Superman (Richard Donner, 1978) y de ahí en adelante erige una relación casi paralela entre las dos películas. Destaza con un rigor quirúrgico elementos de la pelicula de Anderson desde personajes y escenas hasta decorados, diálogos, espacios y por supuesto el color para que coincidan con la película de Donner. Un potente e inflado análisis pero lo que más perplejidad me causó fue la forma en que este señor de youtube retribuyó cada una de las decisiones estéticas de la película un componente narrativo de la otra.

De Superman conozco muy poco,  únicamente lo indispesable me ha gustado, es decir esa película increíble del 78 y el cómic “All Star Superman” de Morrison y Quitely, que son lo mejor que le ha sucedido a Kal-El. En los dos podemos ver como el estandarte de la esperanza cae en la desesperación y la tristeza, como el súper héroe se siente completamente extraño al mundo donde habita, exactamente igual que la mayoría de personajes de las películas de Anderson. Los protagonistas de sus obras son criaturas extrañas, que por su misma rareza nos producen familiaridad.

Hermanarse con Barry Egan es fácil, más que de amor, la película me contó una historia de tristeza, la más nítida y personal de las ruinas. La incopatibilidad. Ese precioso lugar en el que nos quedamos sin poder salir, la fortaleza de la soledad.

Los colores son sabor, son percepciones necesariamente individuales, lo que no tiene color no se ve, no sabe a nada, no huele, es agua. La fascinante capacidad del color toma el mando en Punk-Drunk Love, recrea con fidelidad la incomodidad de unos seres extraños que se encuentran al amor. Los colores impactan como gritos mientras que los personajes pasean convertidos en súbditos de los tonos, el color sobre el personaje. Incluso los destellos (lens flare) de esta película son de un color definido.

Superman es un ser patético que si no fuera porque tiene una novia que cuidar se la pasaría en marte mirando un reloj, Barry se habría suicidado si Lena no hubiese aparecido con su carro blanco. El amor no nos quita la tristeza ni nos hace encajar, logra que veamos con colores distintos.

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