Captura de pantalla 2013-08-06 a las 6.51.05
1960, cine, Michael Powell

Temerse a si mismo (o sobre Peeping Tom)

La cámara de Mark Lewis no roba el alma como la antigua creencia decía, esta cámara roba la vida. Todo lo que fotografío, siempre lo pierdo”  son las palabras que le dice a Helen cuando le está explicando porque no le tomará una fotografía. El objeto de la imagen es destruido por quien lo filma. El cine como sacrifico de lo que vemos. En el clímax de “Peeping Tom” cuando el asesino/fotógrafo/protagonista es descubierto no hay explicaciones, se limita a cumplir su plan. Está en su instinto.

La obsesión de mirar, el  vicio de ver, el voyeurismo es encontrar placer en mirar, todos lo hacemos en cada momento de nuestras vidas, pero al voyeur lo satisface. Encuentra un nuevo significado.

¿Acaso no tomamos todos una pequeña píldora de voyeurismo cada vez que vemos una película?¿Una dosis personal en la que espiamos las vidas de otros? En Peeping Tom no espiamos, somos, somos la cámara y a la vez el reflejo, somos la muerte, todo esto al mismo tiempo. La ferocidad de sus secuencias es tal, que la misma película predice lo que le ocurrirá. Helen no es capaz de terminar de ver lo filmado por Mark, intenta salir del laboratorio, en su estreno los espectadores salieron de la sala aterrados, ofendidos.

Mark no se aparta de su cámara en ningún momento, sus asesinatos tienen el único propósito de ser filmados, toda su vida está destinada a filmar. Su vida misma es un filme, su padre lo empieza y él termina el documental de su vida con su propia muerte.

Solo un personaje que conoce realmente el poder de la imagen, que hace la cámara una extensión de su cuerpo, sabe que el retrato es perturbador, y que el sujeto filmado va a sentir la intimidante mirada del lente. Entonces aprovecha para elevar esta intimidación al punto de transformar la cámara en un espejo, el reflejo se vuelve el asesino y nuestra propia imagen es la que aterra. Le tememos a nuestra imagen porque podemos reconocer en ella lo peor y lo mejor de nosotros mismos.

Así es como Michael Powell nos presenta los asesinatos. Todos a mujeres, en todos es al espectador/cámara a quien la víctima le dirige una última mirada de pavor porque estamos dentro de la cámara, somos la cámara. Somos el arma.

“Respetemos eternamente el vicio y no combatamos sino la virtud” Sade.

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