Uncategorized

Juan y Fer – Tomo y Obligo

Sur de Latinoamérica, 1931.

Poco sé de lo que pudo estar pasando en tan tormentosas y revolucionarias épocas, como si las otras no fueran también tormentosas y revolucionarias. Pero eso es lo que se leía en lo periódicos.

Dice Fernando que Medellín no es famosa porque allá murió Gardel sino lo contrario, y razón tiene, como siempre. Pero en el treinta, cinco años antes de su muerte Carlos hizo cine.

Cuando Manuel Romero un argentino y un chileno de nombre Adelqui decidieron escribir y filmar respectivamente “Luces de Buenos Aires”, en la mitad de Francia.

Además de Carlos, lo más significativo de esta película es la escena en que canta ¨Tomo y Obligo¨ dentro de una taberna. Esa escena contempla el nacimiento del mito, el nacimiento de una figura tan icónica como todo un país, tanto que su apellido se a vuelto un adjetivo para definir algo de inconmensurable valía, talento, o poder (creo, no soy de allá). Y es que Gardel es más grande que Maradona.

La escena habla por si sola, la actuación de Carlos es, si no excelente, bastante brillante, más para ser su primera vez en pantalla, sabe manejarse, sabe transmitir.

Ese transmitir es lo que más me gusta de estas imágenes que acompañan la canción, así que en nuestra versión con Juan y Fer no solo quisimos transmitir la idea de estos magníficos músicos, sino que llegar a rendir homenaje a lo que ya hace décadas Carlos logró.

Con ustedes el video oficial de ¨Tomo y Obligo¨ por Juan y Fer.

<p><a href=”http://vimeo.com/70678857″>Tomo y Obligo – Juan & Fer</a> from <a href=”http://vimeo.com/felipeperea”>felipe perea</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Para los que pasen por aquí en móvil:

Apostilla:Dicen que la pericia inicial de Gardel hacia las cámaras es porque supo que se siente recibir un tiro, solo los que hemos sido abaleados sabemos qué es eso de estar frente a una maquina que dispara. Además Manuel Romero y yo compartimos día de nacimiento. 

Anuncios
Estándar
Uncategorized

Sobre 500px y Flickr

Por fin logré sincronizar todas las fotos que tenía (y creo valen la pena) de flickr hacia 500px, se inventaron una herramienta que permite importarlas de una plataforma a otra y eso fue maravilloso, porque me costaba trabajo saber en mi desorden, virtual, espacial y mental cuales había subido a una y cuales no.

Primero fue flickr el que me pedía dinero, solo eran posibles 200 fotos públicas, actualmente con una tera de capacidad me importa muy poco pagar. Es 500px el que me lo pide ahora, para tener portafolio, poder subir más de 10 a la semana y cosas así “premium”. No me importa, 10 fotos en la semana están bien. Hace que me restrinja. Además desde ahí comparto luego a facebook, el lugar donde más personas (“amigos”) tengo, entonces pueden ver casi semanalmente como 10 fotos que previamente estaban en flickr ahora llegan a 500px y luego a ellos.

Cuando logré la sincronización, inmediatamente subí un nuevo álbum con muchas mas fotos a flickr, lo que hará que tenga trabajo semanal importando de un lado a otro por algunas semanas más.

No voy a pagar por 500px, con el rediseño de flickr (que muchos detestan y yo no encuentro tan dramático) ellos también cambiaron cosas, pero todavía les falta, así que por ahora no.

Mientras, dejó el nuevo set de fotos en flickr, llamado “Cartagena a color”:

Cartagena a color

(cuando “destapo” la pestaña de flickr me dice (al día de hoy) que va a estar caído por unas horas, me gusta cuando flickr me saluda en idiomas, sobretodo en perro)

Además mi perfil con todas las fotos de 500px:

500px.com/felipeperea

Apostilla: hoy quemé una araña en el baño, me siguen dando miedo, pero ahora me gusta tener encuentros con ellas, me recuerdan tu risa, como te reías de mí y mi miedo. Además que siempre actúas como araña. 

Estándar
Uncategorized

Silencio.

Un tipo habla por teléfono en un anden. Es la una y cuarenta minutos del diecisiete de julio. El cuarto donde mi abuelo está internado da contra la calle, es un segundo piso. 
Todos los sonidos de la calle se cuelan por las ventanas, es la voz del tipo que repite una y otra vez sus disculpas. Son las mil disculpas.
Esta noche las enfermaras no han pasado, no molestan, todo el ambiente se concentra en su conversación, está desesperado. 
Ruega perdón, algo me dice que ya se lo dieron, seguramente para que la otra persona pueda dormir. 
Insiste, la culpa le puede y se empeña en decir sus “mil disculpas” hasta que de verdad sean mil.
No lo veo, está en la calle, pero las ventanas no llegan hasta él, no creo que sea mi imaginación; sin embargo me hace recordar que en esencia todas o al menos la mayoría de mis conversaciones “románticas” han sido de noche. Algo me dice que la de este hombre aunque pueda ser con su pareja no se trata de nada romántico, de un perdón común entre parejas, la forma en que este hombre implora clemencia me hace pensar que pudo haber hecho algo diferente, peor.

Intento concentrarme en mi libro, pero no puedo, solloza y mi morbo desea fuertemente verlo, no está borracho. Su voz suena a la de un hombre de cincuenta años, me da lástima, más que nada porque me siento identificado y sé que debe sentirse muy mal pero también debe tener frío. 

Se acaba, escuchó sus pasos, se dirigen al sur hasta que desaparecen. Volteo a mirar a mi abuelo, está profundo, duerme perfecto y no se dio cuenta de nada. Me encanta verlo así, sé que disfruta su sueño, también lo hago yo. Quiero acabar con mi conversación de esta noche así que a manera de despedida escribo las palabras You.Smell.Cute aunque sé que no la puedo oler me lo imagino. Me ayuda a dormir. 

Dejo el teléfono sobre la cama y veo como la oscuridad se apodera de todo, la oscuridad y el silencio, no concibo algo con más disfrute que la profunda oscuridad y el silencio. El silencio me habla, me pide disculpas. 

 Imagen

Estándar